Reunión de las SMP en el auditorio del Colegio San Vicente Ferrer. FOTO/VAP

 

|SMP VAP| 30 marzo, 2019

Al terminar el mes de marzo el Vicariato Apostólico de Puyo hace una pausa para mirar el camino de las Santas Misiones Populares en nuestra Iglesia, como dice la canción: “volver la vista atrás es bueno a veces caminar hacia adelante es vivir sin temor”.  Ciertamente todos experimentamos que el peregrinar por el camino desgasta. Son obstáculos que hay que saltar, montañas que subir y bajar, como las olas en el mar pareciera que está bajando la ola.

Era el 20 de octubre del 2013 con el lanzamiento del  año de la fe en la vigilia del Domund, cumpliendo los 50 años del Concilio Vaticano II se inició el Sínodo de la Nueva Evangelización el Papa Benedicto XVI nos decía en la carta Porta Fidei: “la Iglesia en su conjunto  y en ella sus  pastores como Cristo han de ponerse en camino  para rescatar a los hombres del desierto  y conducirlos  al lugar de la vida  con el Hijo de Dios, Aquel que  nos da la vida en plenitud

Ese año de la fe era una invitación a la auténtica y renovada conversión al Señor. Un día atravesamos la puerta de la fe con el bautismo, que nos regaló la vida en Cristo, invitamos a conocer, celebrar y vivir la fe. Las Santas Misiones Populares serían el camino que nos hiciera redescubrir a Cristo a través de su palabra, con alegría y entusiasmo como el pueblo de Dios al salir del Mar rojo, iniciamos el éxodo hacia la vida en plenitud, para convertirnos en verdaderos discípulos misioneros de Jesús. Al clausurar el año de la fe inaugurábamos el Museo de la Historia de la Fe en Pastaza como referente para saber cómo llegó la fe hasta hoy haciéndose historia de este pueblo.

Casi seis años después, hoy nos reunimos para evaluar nuestro recorrido, sin duda alguna las Santas Misiones Populares ya han dejado huella en la vida de nuestras comunidades para despertar  en nuestros laicos la vocación misionera, para hacer una Iglesia en salida al encuentro del alejado  y necesitado  de ese gran regalo de Dios, nuestra fe que debemos compartir, por ello decíamos que si no hemos sido capaces de compartir nuestra fe con otros,  somos cristianos no maduros, no hemos llegado a una fe adulta.

A lo largo del camino hubo un enamoramiento y un noviazgo de ese Cristo que hemos ido descubriendo en su palabra, hubo buenas noticias que llevar en los visiteos que hemos hecho en los barrios de nuestros pueblos y parroquias. Nos encontramos con muchas sorpresas, sentimos temor al golpear las puertas de las casas, al volver volvimos como los apóstoles enviados por Jesús, llenos de alegría, estudiamos y escribimos el evangelio, surgieron líderes, regresaron al redil muchas ovejas perdidas o alejadas. En nuestras comunidades entró un aire nuevo como de renovación, la alegría y el entusiasmo de las primeras comunidades cristianas se experimentó en los retiros y semanas misioneras, como un nuevo Pentecostés. el P. Luis Mosconi en los retiros generales, nos invitaba a vivir los hechos de los apóstoles para terminar en aquellas pequeñas comunidades eclesiales de los Hechos de los Apóstoles.

Las peregrinaciones generales que hicimos a lo largo de los años y al inicio de los cursos pastorales acompañados de la Virgen María, cuyos santuarios visitamos, nos ayudaron a vivir la comunión eclesial y sentirnos que de verdad estamos en camino como peregrinos del Reino.

                Hoy evaluamos los resultados, volvemos a reconsiderar que el triángulo donde debe apoyarse nuestro trabajo misionero de nuestras comunidades: 1.- Oración, 2.- Formación con la palabra de Dios y 3.- Visiteo saliendo al encuentro del otro.

Veíamos que entre las actividades generales a realizar están: empezar a construir pequeñas comunidades en los sectores de nuestras parroquias. Continuar con la formación bíblica misionera, con reunión mensual, y visitar a misioneros de otras parroquias y zonas para confraternizar con ellos.

·         Usar los medios de comunicación para informar y divulgar sobre las actividades de SMP.

·         Reorganizar el equipo coordinador y de formación a nivel Vicariato.

·         Motivar para que nuevos misioneros se integren.

Se vieron como dificultades a superar:

1.-Falta de compromiso y perseverancia de los laicos en sus parroquias y zonas pastorales.

2.-No hubo permanencia del visiteo en las parroquias.

3.- Cambios de párrocos o falta de perseverancia de agentes de pastoral a tiempo completo. Y misioneros nuevos que se incorporan y no saben ni conocen la espiritualidad de las SMP.

Sugerencias que se dieron:

·         Matriz de producción para proponer con el estudio de la biblia en los grupos parroquiales.

·         Mas oración de las SMP, en todas las celebraciones comunitarias.

·         Articulación de la SMP con las líneas pastorales.

·         No hay misión sin misioneros.

·         Poner de manera cíclica la Espiritualidad de las SMP, especialmente para los nuevos que no conocen.

·         Realizar una semana misionera por parroquias.

TERCERA ETAPA LA MISION SIGUE

1.- Las SMP deben ayudar a las personas en la vida ordinaria.

2.- Es necesario que la mente y el corazón trabajen juntos.

3.- Falta más espiritualidad y de incentivos.

4.- Procesos si son solo por emoción y no convicción.

LA 3º ETAPA se da, PORQUE PARA CULTIVAR LA CONVICCIÓN, debemos ser conscientes de que no hay misión sin misioneros, que la vida es misión y la misión es vida.

·         Tiempo de escucha a ejemplo de María silencio y militancia  

·         Método: ver, juzgar, actuar, evaluar, celebrar.

Para la Próxima Reunión

1.- Elaborar listado en las parroquias de los que han vivido los retiros y han colaborado como discípulo misionero.

2.-Determinar el día de reunión general para todo el Vicariato.

Reanudar los visiteos

1.-Programar jornada del encuentro parroquial.

Creemos que esta evaluación ha sido la oportunidad para juntos reanudar el camino misionero reforzando las lagunas que hemos tenido y proponer cosas concretas para las propuestas en torno a Formación, Visiteo y Bloque de actividades. Que el Espíritu nos acompañe siempre.

LA MISIÓN CONTINÚA 

 Monseñor Rafael Cob García