
“Llamados a nacer de nuevo como discípulos misioneros en el Espíritu”.
Un año más celebramos este día de la presentación de Jesús en el templo la fiesta del día del consagrado. El lema nos lleva preguntarnos si somos discípulos misioneros en el Espíritu preguntarnos también ¿para quién eres? en sintonía con el Congreso de Vocaciones celebrado el curso pasado, nos evoca aquel momento de «comunión fraterna entre todas las vocaciones» motiva a la Vida Consagrada para seguir «construyendo la cultura vocacional» y tomar conciencia de que cada persona es «una vocación para la misión».
De igual modo, el lema ahonda en la pregunta esencial de toda vocación. Una pregunta que tiene como respuesta el amor y servicio a los demás. En la misma línea, «¿A quién llamas?», «¿a quién buscas?» y «¿a quién sirves?» son los tres interrogantes desarrollados, en un recorrido que concluye con el reconocimiento de que «el corazón de la persona consagrada se vuelve menesteroso y agradecido a su Señor».

La palabra central de esta fiesta de la presentación de Jesús ,es la que pronuncia el sacerdote Simeón hablando de Jesús: Jesús es el Salvador, es luz de las naciones .En medio de tanta sombra y oscuridad en la que vive tanta gente es necesario saber iluminar con la vida y el testimonio en medio de este mundo que nos toca vivir, escuchar el grito de los pobres y excluidos y levantar la voz para decir que Él es nuestro Señor para quien somos sus amigos ,elegidos y llamados por El ,para decir que estamos en esta misión para servir como él y construir con el su Reino, que el dinero y las riquezas no salvan que Jesús es nuestro Salvador y que no nos busquemos otros salvadores porque solo El salva, sana y libera del mal.
Que nuestros votos como consagrados, son las marcas imborrables de nuestro amor, para reconocer que en la pobreza se manifiesta la entrega generosa con un amor gratuito que se da sin esperar recompensa, del vivir con un corazón indiviso porque su amor llena toda nuestra vida, él es el todo, origen, llamada, fuerza y meta.

La vida consagrada a ejemplo de María salimos presurosos a llevar con alegría la Buena Noticia, formando y viviendo una Iglesia en salida, una Iglesia Misionera.
La vida consagrada es docilidad a la voluntad del Padre poniendo nuestra obediencia en sus manos porque sabemos que como padre quiere lo mejor para sus hijos.
Respondiendo a la pregunta ¿para quién eres? somos para el Señor en el niño o el anciano, en el joven y el mayor, frente a una cultura de muerte, ofrecemos la vida, frente a un mundo materialista ofrecemos caridad, frente a un mundo prepotente, ofrecemos la pequeñez de la humildad, porque de pequeñas cosas y pequeños gestos se hacen las grandes hazañas.
Frente a la división y fragmentación, busquemos la unidad y fortalezcamos la comunidad, hogar fraterno donde se quiere y es querido, a veces sin merecerlo.
Los consagrados vivimos en un mundo contaminado y herido y nos toca ser guardianes de la casa, ser hermanos de familia, ser para el Señor sin distinción de raza, lengua y nación.

Decía el Papa Francisco el religioso que no sienta dentro de si el clamor de millones de hermanos que no conocen a Cristo y no hagan nada por llevar un poco de luz, algo grave le está pasando la misión.
La fuerza de la vida consagrada depende especialmente de la capacidad de desarrollar misiones siempre nuevas, también ad-gentes. Las urgencias misioneras y no el afán de sobrevivir ha de llevarnos al discernimiento de los signos de los tiempos y de los lugares para ver dónde estamos y donde debiéramos estar. La misión ad gentes marca hoy el futuro de la vida consagrada como marca el futuro de la Iglesia: luz de las gentes y esperanza de los pueblos.
Sembradores de paz y testigos de esperanza. María de Nazaret como madre nos cobijan como maestra nos enseña, como modelo y ejemplo nos muestra hoy a su hijo, a quien seguimos, por quien vivimos, con quien buscamos, pedimos y hallamos, él es nuestro amigo esposo y amado.
Por Mons. Rafel Cob, Obispo de Puyo.
