
Queridas familias, hermanos y hermanas de nuestras parroquias.
Hoy nuestra Iglesia del Vicariato de Puyo quiere iniciar un trabajo pastoral que responda al desafío gigante que hoy tiene nuestro mundo y nuestra Iglesia , Todos sabemos dónde nos acogieron al nacer ,donde recibimos los primeros besos y las primeras lágrimas, sin duda que fue en una familia , familia que es un proyecto divino que nace en el matrimonio abierto a la vida , un matrimonio fecundo que multiplica la vida , la cuida y la protege con la bendición de Dios para que el amor se fortalezca y haga realidad los sueños de Dios y de los humanos que conformamos esta sociedad en la que vivimos.
Un proyecto de Dios en la que él quiso nacer y vivir dándonos un ejemplo de madre en María, de padre en José y de hijo en Jesús, un proyecto divino donde debe aprenderse amar y perdonar, donde se recibe más amor que el que se da, un proyecto humano donde el niño, el joven y el mayor van creciendo y compartiendo juntos penas y alegrías, donde se escucha, se acoge y se comparte la vida de cada día.
Dios al crear al hombre y a la mujer pensó en un padre y una madre y los creo a su semejanza con un corazón para amar y una mente para pensar, y juntos formaran una familia, la primera sociedad, más, quiso nacer y crecer en la familia de Nazaret, hogar donde se trabaja, donde se reza y donde se ama, se hace camino juntos creciendo en la fe y la esperanza, y juntos construir la paz que tanto necesita nuestro mundo.
Pero cuando echamos una mirada a nuestro alrededor, el mundo que contemplamos es una familia enferma, falta de los valores en los que debe apoyarse la vida familiar. ¿Dónde encontrar la fuerza para vencer la dificultad, la unidad para amar y compañía para caminar?
Lamentablemente tenemos familias divididas, familias donde no se vive la unidad de padres e hijos, padres e hijos que dialoguen , hijos que pregunten padres que escuchen, tenemos familias solitarias donde cada uno va por su camino, buscamos la paz y encontramos violencia intrafamiliar, buscamos generosidad y encontramos egoísmo, familias desorientadas sin rumbo, familias cansadas, desmotivadas, familias frágiles que se quiebran ante las adversidades, sin capacidad de reaccionar ante el mal de un mundo invasor, que manipula conciencias, que engaña con falsas promesas, un mundo enfermo que hace leyes que no respetan los derechos de los padres sobre los hijos ,un mundo que no educa para el amor y el sacrificio, que suplanta la autoridad familiar e impone su criterio formando familias que se acomodan a los criterios del mundo y se olvidan de los criterios que Dios nos dejó , una familia que no valora lo espiritual como medicina que necesita para curar su enfermedad.
¿Dónde están las familias fuertes? Son las que confían más en Dios que en sí misma, que han comprendido que el perdón es la mayor expresión del amor, que no se dan por vencidas en la tarea de educar a sus hijos y no que se les eduquen en las redes sociales o en la calle, familias que han descubierto que están en la tierra para dar vida y no se quedan estériles, que saben que tener hijos es un tesoro cuyo valor no se puede comprar con dinero, que un hijo no se puede sustituir por una mascota animal.
Saber que la esperanza del mundo está en tener familias abiertas a la vida, que creen en Dios, educan para la vida, vida que no se acaba en el tener, en el poder o en el placer, sino que sus hijos tengan un ejemplo a seguir, que nacimos para dar, no para tener, para servir, no para que me sirvan.
Desde nuestra fe y esperanza sabemos que por la misericordia divina podemos trasformar Familias rotas y divididas vuelvan a unirse y ver que su corazón renace en Dios que es amor, familias que siendo débiles se fortalecen en el camino de la caridad y del perdón, de la escucha y la acogida, del discernir juntos, guiados por el Espíritu y mirando con un mismo horizonte, la familia de Nazaret.
Nuestras familias tienen este año una nueva oportunidad para rehacer sus vidas, “Hay que recuperar la pasión compartida pensando más en los demás que en uno mismo. que demos más tiempo a la oración, al dialogo y la escucha antes que al enfado y darnos un baño de sinceridad y trasparencia antes que quedarse en la hipocresía de aparentar más de lo que somos o tenemos. Que vivamos la humildad y la caridad más que la soberbia y la envidia, hijos que sepan obedecer y padres que sepan mandar y aconsejar con el ejemplo y su testimonio. Familias bendecidas por Dios, admiradas por sus vecinos, por su coherencia en el espíritu, por su caridad con el prójimo, por su oración con Dios, Que Jesús María y José sean nuestro ejemplo a seguir y Dios providente nos socorra en el caminar de una Iglesia Sinodal misionera y fraterna, unidos en familia unidos en la misión. Familia en camino, misionera de paz y esperanza.
Mons. Rafael Cob, Obispo de Puyo.

